"Aquellos viajeros del siglo XIX"
Islas Canarias
Durante el siglo XIX, nuestro Archipiélago conoció la visita de viajeros, escritores, artistas, botánicos, biólogos,... que dejaron para generaciones futuras sus crónicas, sus trabajos, sus escritos sobre su estancia breve o larga en nuestras islas. Veamos a uno de ellos:
William Wilde (1815 – 1876): Médico y escritor irlandés (padre del célebre Oscar Wilde), visitó Tenerife en 1837 como parte de un recorrido de salud e interés por el clima insular, dejando testimonios de su estancia.
Leamos algunas de sus impresiones de su visita a la isla reflejadas en un artículo del El Día con fecha: 11 de febrero de 2024:
"Nuestro barco se hizo a la vela desde la rada de Funchal el 5 de noviembre de 1837 y a la mañana del día siguiente ya teníamos una vista momentánea del pico de Tenerife, aunque el tiempo se volvió brumoso y nos impidió distinguir claramente su vigoroso y accidentado contorno. Se nos hizo de noche cuando doblamos la Isla por los roques de Anaga, lugar donde el viento disminuyó y nos dejó balanceando en el fuerte oleaje que rodea esta costa de hierro forjado; de repente, en nuestro entorno surgieron unas luces que pasaban rápidamente como meteoros. Eran barcas de pescadores con unos hachos de tea encendidas para atraer a los peces. Las caras arrugadas de los pescadores, sucias por el humo, con sus largas gorras escarlatas, parecían espíritus del poderoso piélago preparando la tempestad cuando aparecían en la cresta de la ola montañosa y luego se hundían rápidamente.
A las 10 horas del día 7 de noviembre echamos anclas en la bahía de Santa Cruz, la cual era mucho mejor que la de Funchal para permanecer anclados. Después de desayunar desembarcamos en el muelle donde Nelson perdió su brazo en el desgraciado acontecimiento de 1797. La primera visita fue al cónsul, quien, asumiendo toda la importancia de su cargo, te hace desfilar ante los gobernadores y autoridades civiles, militares y de marina, lo que hace que se sienta muy importante y, según él, contribuya enormemente al honor de la vieja Inglaterra.
La ciudad de Santa Cruz es limpia. En el centro hay una plaza bonita, llamada de la Constitución. En ella está la célebre estatua de la Virgen de Nuestra Señora de Candelaria, de buena ejecución y de fino mármol de Carrara. No pude averiguar porque los cuatro reyes guanches que están situados como soportes del pedestal, lleva cada uno un fémur en sus manos. Sólo uno de estos reyes disfrutaba de su nariz, pues las otras tres se pueden encontrar en la colección de curiosidades de nuestros guardiamarinas.
Las casas de esta colonia española son grandes y bien construidas. Tienen un patio en el centro, rodeado de galerías, y bonitas fuentes que funcionan a gran altura, lo que los hace húmedos y frescos. Cerca del muelle se encuentra un bonito paseo público, en el que crecen plantas espléndidas, como la datura fastuosa (trompeta del diablo), con sus hermosas flores semidobles de color púrpura, alcanza un gran tamaño, y la poinciana pulcherrima (flanboyant), uno de los arbustos más esplendidos que adornan la ciudad". (...)
Enlaces de consulta:
1.- https://www.eldia.es/santa-cruz-de-tenerife/2024/02/11/narracion-viaje-tenerife-william-wilde-98020853.html
2.- https://www.santacruzdetenerife.es/web/noticias-y-agenda/cronista-oficial/cronicas/detalle-cronica/aniversario-de-la-estancia-de-william-wilde-en-santa-cruz-de-tenerife
3.- https://www.amazon.es/Narracion-viaje-tenerife-Escala-Tenerife-ebook/dp/B00ZFX534A





















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