"Invasión berberisca de 1618"
José de Viera y Clavijo (Los Realejos, 1731 - Las Palmas de Gran Canaria), 1813) relató en su obra: "Noticias de la historia general de las Islas de Canaria" una de tantas incursiones e invasiones berberiscas sufrida por la isla de Lanzarote, concretamente la que tuvo lugar en mayo de 1618.
"No fue esta isla tan dichosa con los moros, que en 1618 ejecutaron la más violenta irrupción que cuenta en sus anales.
Entretanto los argelinos robaron todo lo más precioso y ponían fuego a los principales edificios de la Villa, en cuyas llamas perecieron los templos, el convento de San Francisco y la mayor parte de las casas.
Reducida a cenizas aquella triste capital, marcharon el día 3 hasta el Valle de Aria, sabiendo que el grueso de los habitantes se habían salvado en sus confines; pero como osaban atacarlos dentro de la gran gruta, se contentaron solamente con bloquear la entrada, creyendo que sin remedio se rendirían luego que les faltase de los víveres.
No sabían los infieles que esta precaución era inútil y que los refugiados recibían bastantes provisiones por una salida secreta que tenía la cueva hacia otro campo; a no ser la traición de un hombre naturalmente doloso, hubiera quedado burlada la esperanza del enemigo. Se asegura que el famoso Francisco Armado, cuyas casas y archivos de la escribanía pública habían sido comprehendidos en el incendio, cayó en manos de cierta partida de moros y que, amenazando con los paisanos de subsistir por tantos días en aquella gruta, tuvo la fragilidad de descubrirlo todo, bajo la condición de que le concediesen a él y a su familia la libertad. Con esta noticia no fue difícil que los argelinos cortasen la aventura secreta y redujesen a servidumbre más su mujer, su hija y su yerno Baltasar González Cabrera. Así recomprensaron los bárbaros una traición con otra.
(Retrato del Rey Felipe III de España)
Este funesto golpe, que dejó atónita y bañada de lágrimas toda la tierra de Lanzarote, sirvió también para empobrecer el país extrayéndoles la más pura substancia; porque, sin contar los despojos que el enemigo se llevó, se hallaron los vecinos en la necesidad de vender todo lo más precioso, para sacar a los suyos del cautiverio. Es verdad que la Real piedad del Señor Don Felipe III mandó rescatar muchos por medio de las órdenes de la Redención; pero también lo es que los habitantes de Lanzarote convirtieron todos sus efectos y frutos en dinero efectivo para el mismo fin, y que entre los cutivos que volvieron a la patria, fue el más reconocido Francisco Armado, quien trajo el sonrojo de volver sin Baltasar González, su yerno, que había abrazado el mohometismo".
Lanzarote
Una armadilla de berberiscos y de turcos, compuesta de 60 velas, mandada por Tabán Arráez y Solimán, desembarcaron 5.000 hombres el día primero de mayo y, marchando inmediatamente hacia la Villa de Teguise, la embistieron el día dos y la entraron a saqueo, sin que los habitantes hallasen otra defensa que la fuga. Unos se retiraron tierra adentro y otros no pararon hasta transportarse a Fuerteventura. El Marqués y la Marquesa Dña. Mariana, su madre, huyeron al cortijo de Inaguaden después de haber puesto los auspicios del arcediano Brito un baúl lleno de papeles, que era su archivo, y tres talegas de dinero que era sus tesoros. En fin, la porción más considerable del vecindario se refugió en los escondrijos de las cavernas, señaladamente en la gran Cueva de los Verdes de Aria, que corre bajo la tierra casi tres millas a lo largo.
Luego que los enemigos evacuaron la Villa de Teguise, acudió a ella el Capitán Hernán Peraza de Ayala, Alcalde mayor, con los paisanos que había podido acaudillar, y edificios y a salvar algunos registros y protocolos públicos ya chamuscados. Es constante que, antes que hubiesen dejado los moros la isla, se trató el rescate de algunos presioneros; que sin embargo se llevaron a Argel casi mil cautivos de ambos sexos, con un considerable botín; y que la vigilancia de una escuadra española que cruzaba sobre el estrecho sólo les apresó cuatro galeras.
Este funesto golpe, que dejó atónita y bañada de lágrimas toda la tierra de Lanzarote, sirvió también para empobrecer el país extrayéndoles la más pura substancia; porque, sin contar los despojos que el enemigo se llevó, se hallaron los vecinos en la necesidad de vender todo lo más precioso, para sacar a los suyos del cautiverio. Es verdad que la Real piedad del Señor Don Felipe III mandó rescatar muchos por medio de las órdenes de la Redención; pero también lo es que los habitantes de Lanzarote convirtieron todos sus efectos y frutos en dinero efectivo para el mismo fin, y que entre los cutivos que volvieron a la patria, fue el más reconocido Francisco Armado, quien trajo el sonrojo de volver sin Baltasar González, su yerno, que había abrazado el mohometismo".
Enlace de consulta:
1.- https://www.historiadeharia.com/HISTORIA/Datos/invasiones.htm
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